Arráncame los lunes sin vida, arráncalos todos de mi calendario de la rutina, y llenemos el hueco con conversaciones juntos, sentados en ese sofá que aún no existe, aunque siempre imagino. Que imagino cuando invento que te sonrío mientras me fotografías. A la misma vez que tomo café, leyendo poesía. Temblándome la voz.
Lléname las noches de musas que me rescaten de la pereza, ahogándose en ella conmigo y haciéndome resurgir. Como una prosa inesperada. Como un llanto espontáneo. Como el deseo repentino de dormir contigo.
O dormir conmigo, aunque sea. Sin perderme en las sombras grisáceas que acogen mi insomnio.
Ninguno de mis amaneceres logra despertar como el deseo de la noche previa. Y además, no puedo atribuirlo a la locura del sueño, ya que duermo con la vigilia. Con la vigilia, cuando no te abrazo a ti.
Ven. Ven y llévame. Y déjame, aunque sea perdida en la maleta, la magia de reinventar. Sólo. No quiero más que magia. Y sino, la secuestraré. Mi vida sin magia se llena de lunes vacíos. Vacíos porque los exiliaste del calendario. Y por eso, quiero reinventarlos.
El tiempo es efímero y yo tengo 4 huecos cada mes. Necesito crear. O tal vez, pintar algunos de colores y guardar otros en un cajón con olor a café.
O con olor a ti, que más da.
Es equivalente. Y no obstante, me gusta más beberte a ti que beber café. Porque la vida tiene cosas, porque son las cosas de la vida. Y donde estén tus labios, que no se ponga ninguna esencia a cafeína. Más nerviosismo me produce tu boca. Porque tal vez, esté llena de amor. O de eso que me guía de la mano al abismo de lo absurdo. De lo absurdo e irónico. Y onírico.
Y los juegos de palabras cuando me asiste la demencia. Palabra eminente que sustituye a locura. Y que retrata mejor lo que quiero decir cuando digo delirio.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
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