lunes, 27 de julio de 2009

Gracias.

Desde todos los ángulos posibles. Y visibles.
No sé que hacen ahí esos ojos. Que apenas distinguen diáfana la realidad y sucumben, dormidos, a la rutina.
Ni sé qué hay dentro de este cuerpo.
O de esta mente.

Tal vez la memoria, como última superviviente del naufragio.
Algunas ansías, escondidas, de otro tiempo. Que quieren ya resurgir. O al menos, es eso de lo que me acuerdo desde la última vez que me perdí.

domingo, 7 de junio de 2009

Mujeres fatal.


Hay mujeres que tocan y curan, que besan y matan.

Hay mujeres que ni cuando mienten dicen la verdad.

Hay mujeres que abren agujeros negros en el alma.

Hay mujeres que empiezan la guerra firmando la paz.

Hay mujeres envueltas en pieles sin cuerpo debajo.

Hay mujeres en cuyas caderas no se pone el sol.

Hay mujeres que van al amor como van al trabajo.

Hay mujeres capaces de hacerme perder la razón.

Hay mujeres veneno, mujeres imán.

Hay mujeres consuelo, mujeres puñal.

Hay mujeres de fuego.

Hay mujeres de hielo, mujeres fatal.




Mujeres fatal.

Stook.


El arte.

sábado, 6 de junio de 2009

.

Entonces, me da por desvestirme frente al espejo; ya que después de desterrar fobias que trepan por los tobillos, y demagogias con las que intento explicar(me) mi suerte, aún me quedan los restos de alguna máscara en el cuerpo -piel muerta- que de no eliminar, van a conseguir pudrirme la esencia y el alma, todo lo que no es cuerpo, pero que duele también. Es por eso lo de exterminar -recuerda todos mis demonios-, para quedarme desnuda con lo débil de mí, y posarme encima de la palma de mis manos, pequeñita, sostenerme y hacer equilibrio, para poder decir con la serenidad que no tengo: "esta soy yo, quién me lo iba a decir" . Eso para engañar un poco a los minutos y no arrojarme tan pronto al vacío de esa permanente obsesión mía por reducirme hasta la irreductibilidad, definirme hasta la indefinición, y cuando de tan diminuta no me vea, volver a repetirme que esa soy, aunque después de tanto, ni pueda encontrarme en el hueco de mis manos. Pero me es imposible explicarte cómo de difícil es eso, cuánto daño me hago hasta conseguir ser un poquito menos grande -menos estrafalaria- y más pura. Por eso me desvisto delante de mi reflejo desvistiéndose, para desnudar los años que han convertido mi cara en otra, y así, quitarme los 17, ahorrarme los 16, despegar con cuidado aquellos caóticos 15, y después toda esa adolescencia prematura que me enganchó desde los 11, para llegar a lo triste de no entender los 10 restantes, que se me hacen tan difusos que no sé ni qué adorno quitarme para vestirme de 9 años, o cómo hacer para perder los mismos dientes que a los 8. Bueno, no quiero ni pensar en los 4, o los 5, y obviamente, casi se me hace abismo intentar descubrir al bebé de año y medio, que quizá sobreviva en mis profundidades. ¿Y sabes? Esta soy. La que no sabe hacer stripteases.

jueves, 19 de febrero de 2009

Punto.

Esos ojos cerrados, esos ojos que me han visto más vulnerable que valiente, más perdida que cerca de ese yo que no alcanzo aún. Ojos cerrados en ella, que me hacen ciega a mi.Que te haga feliz mirar, mirar algo, no deja de ser idea de románticos. Locura hecha visión si se te escapa de entre la mirada una lágrima de las que no va a ningún sitio porque no procede de ninguna tristeza. Sólo es ese sueño que se te envuelve de imaginación, que se idealiza, que se reinventa al crecer -al ser otro-, se actualiza. No obstante, hay ciertas cosas dentro de cualquier ilusión que no respiran, que no respiran el cambio de los momentos, porque estáticas, estables, eternas, ya son el mayor sueño dentro de ese sueño que se transforma, que debe convertirse en otra cosa para quizás uno darse cuenta que sólo vale esa esencia que hace a la ilusión ser lo que es, y que los añadidos no son más que caprichos incapaces de llegar a alcanzar -ni aún con la punta de los dedos- la importancia de ese algo central, inamovible, que me hace a mí -ilusionista- menos incrédula, cuando esa realidad que sostiene al sueño, está tan cerca mía que respira ese aire que expulso yo. Ella no llega a imaginarse cómo me gusta oírla respirar. Saber que está viva y que por ese instante -pequeño, pero tan grande- nada es más importante que ese ruido acompasado que sale de ella y que se prolonga a mi, por aquello de que si parara, y se muriera, mi vida sería ahogo, susurro, letra muerta.Sin embargo, algo tan leve como el aire dentro y fuera -inspirar, aspirar-, torna todo eso en la insensatez de una felicidad que no tiene más razón que esa: que exista una vida, tan imposible de hacer prescindible, que ha llegado a mezclarse con la mía.Si yo soy verdad,tú eres ese amor que yo no sabía dar, y que se me escapó solo, contigo.

Mira(me).

Hoy me he visto doble en un cristal, y he pensado: ¿me desdoblo de mí misma, o es un yo repetido? Me ha dado tanto miedo lo de ser yo dos veces, que he preferido creer en una personalidad múltiple que me haga reflejar -incluso- cinco miradas diferentes sobre un mismo espejo.
Esas cinco maneras distintas de mirar, las tengo (y no es novedad), el conflicto se impone cuando entre ellas mismas no acaban de encajar para superponerse encima de mis ojos, que obviamente, son sólo un par. Aunque lo increíble es cómo, en un sistema ocular único, pueden existir -y entenderse- la vista y la ceguera, pues todos los ojos con los que te miro, pueden ser a la vez,
todos con los que te duermo y así cierro la luz, y por tanto, el ciclo de esta realidad. Para no ver(me), me encierro los párpados dentro de la vista, y ¿sabes? he llegado a perderlos a veces, en ese campo visual de dimensión invisible -pero, por lo visto, enorme en mí-, y es porque te abarco toda la mirada,
abarco todo este triste padecer de un sólo vistazo, y llega a ser tan triste y tan padecer, que me apago las luces y a ciega no me gana nadie.