jueves, 19 de febrero de 2009
Punto.
Esos ojos cerrados, esos ojos que me han visto más vulnerable que valiente, más perdida que cerca de ese yo que no alcanzo aún. Ojos cerrados en ella, que me hacen ciega a mi.Que te haga feliz mirar, mirar algo, no deja de ser idea de románticos. Locura hecha visión si se te escapa de entre la mirada una lágrima de las que no va a ningún sitio porque no procede de ninguna tristeza. Sólo es ese sueño que se te envuelve de imaginación, que se idealiza, que se reinventa al crecer -al ser otro-, se actualiza. No obstante, hay ciertas cosas dentro de cualquier ilusión que no respiran, que no respiran el cambio de los momentos, porque estáticas, estables, eternas, ya son el mayor sueño dentro de ese sueño que se transforma, que debe convertirse en otra cosa para quizás uno darse cuenta que sólo vale esa esencia que hace a la ilusión ser lo que es, y que los añadidos no son más que caprichos incapaces de llegar a alcanzar -ni aún con la punta de los dedos- la importancia de ese algo central, inamovible, que me hace a mí -ilusionista- menos incrédula, cuando esa realidad que sostiene al sueño, está tan cerca mía que respira ese aire que expulso yo. Ella no llega a imaginarse cómo me gusta oírla respirar. Saber que está viva y que por ese instante -pequeño, pero tan grande- nada es más importante que ese ruido acompasado que sale de ella y que se prolonga a mi, por aquello de que si parara, y se muriera, mi vida sería ahogo, susurro, letra muerta.Sin embargo, algo tan leve como el aire dentro y fuera -inspirar, aspirar-, torna todo eso en la insensatez de una felicidad que no tiene más razón que esa: que exista una vida, tan imposible de hacer prescindible, que ha llegado a mezclarse con la mía.Si yo soy verdad,tú eres ese amor que yo no sabía dar, y que se me escapó solo, contigo.
Mira(me).
Hoy me he visto doble en un cristal, y he pensado: ¿me desdoblo de mí misma, o es un yo repetido? Me ha dado tanto miedo lo de ser yo dos veces, que he preferido creer en una personalidad múltiple que me haga reflejar -incluso- cinco miradas diferentes sobre un mismo espejo.
Esas cinco maneras distintas de mirar, las tengo (y no es novedad), el conflicto se impone cuando entre ellas mismas no acaban de encajar para superponerse encima de mis ojos, que obviamente, son sólo un par. Aunque lo increíble es cómo, en un sistema ocular único, pueden existir -y entenderse- la vista y la ceguera, pues todos los ojos con los que te miro, pueden ser a la vez,
todos con los que te duermo y así cierro la luz, y por tanto, el ciclo de esta realidad. Para no ver(me), me encierro los párpados dentro de la vista, y ¿sabes? he llegado a perderlos a veces, en ese campo visual de dimensión invisible -pero, por lo visto, enorme en mí-, y es porque te abarco toda la mirada,
abarco todo este triste padecer de un sólo vistazo, y llega a ser tan triste y tan padecer, que me apago las luces y a ciega no me gana nadie.
Esas cinco maneras distintas de mirar, las tengo (y no es novedad), el conflicto se impone cuando entre ellas mismas no acaban de encajar para superponerse encima de mis ojos, que obviamente, son sólo un par. Aunque lo increíble es cómo, en un sistema ocular único, pueden existir -y entenderse- la vista y la ceguera, pues todos los ojos con los que te miro, pueden ser a la vez,
todos con los que te duermo y así cierro la luz, y por tanto, el ciclo de esta realidad. Para no ver(me), me encierro los párpados dentro de la vista, y ¿sabes? he llegado a perderlos a veces, en ese campo visual de dimensión invisible -pero, por lo visto, enorme en mí-, y es porque te abarco toda la mirada,
abarco todo este triste padecer de un sólo vistazo, y llega a ser tan triste y tan padecer, que me apago las luces y a ciega no me gana nadie.
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