
Me limito a sentir que tengo piel sobre el cerebro, piel sobre el músculo. Sobre el hueso. Piel, más que nada, sobre el corazón. Un corazón que bombea mil litros de vulnerabilidad por hora, en una cavidad que separa el órgano del mito, y aún así es corazón de verdad, sólo que ya se me acabó la sangre, de tanto pensarte. De tanto querer saber cómo estarás, cómo seré, cómo llegaremos a lo que un día fuimos. No sé por qué acabé metida en esto. De lleno en la vida, me refiero. Sin pensar ni siquiera en tí, sólo abstracción de amor, sólo miedo intrínseco a mí misma. Sólo arraigada a los límites, pero, pero sin saber que me limito cuando se me esconde la voz.Y las palabras a veces, son apenas glóbulos que no importan, sobre todo cuando hacen la carrera de su vida, a lo largo de una vena roja o azul; qué más da, si ya he dicho que apenas importan.
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